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Lo que Murakami sabe sobre el arte de no tener prisa

04 Jun 2026 Kumera

Lecturas & Vida Lenta

Lo que Murakami sabe
sobre el arte de
no tener prisa

Hay escritores que se leen rápido. Y hay escritores que te obligan a detenerte. Haruki Murakami pertenece a esa segunda categoría: sus páginas huelen a café frío, a vinilos que giran solos en la madrugada, a la particular quietud de quien ha aprendido a estar consigo mismo.

Junio 2026 Lectura 6 min Kumera


Entre la realidad y los sueños, siempre hay una página más.

Cada vez que alguien pregunta qué leer para «desconectar», pensamos en Murakami casi antes de terminar de escuchar la pregunta. No porque sea literatura escapista, no lo es, sino porque sus novelas tienen el tempo exacto de lo que nosotros llamamos slow living: la atención plena sobre lo pequeño, la pausa como forma de conocimiento.

Haruki Murakami nació en Kyoto en 1949 y pasó gran parte de su infancia entre libros occidentales y discos de jazz que su padre traía a casa. Esa formación híbrida, japonesa en la forma, occidental en las referencias, define su prosa: una escritura que sabe esperar, que no fuerza la trama, que confía en que las cosas llegarán cuando deban llegar. Publicó su primera novela, Escucha la canción del viento, en 1979 y desde entonces no ha dejado de escribir, ni de correr maratones, ni de cocinar pasta a medianoche, ni de escuchar música durante horas. Todo ello, según él, forma parte del mismo ritual de vivir.

El tiempo murakamiano: lentitud con propósito

En su ensayo autobiográfico De qué hablo cuando hablo de correr (2007), Murakami describe su rutina de escritura con una precisión que no es obsesión, sino liturgia: levantarse a las cuatro de la madrugada, escribir durante cinco o seis horas, correr diez kilómetros, leer y escuchar música por la tarde, acostarse a las nueve de la noche. Sin excepción. Sin negociación. «La repetición en sí misma se convierte en algo importante», escribe. No es un hábito productivo; es una forma de habitar el tiempo.

«La repetición en sí misma se convierte en algo importante.»

— Haruki Murakami, De qué hablo cuando hablo de correr, 2007

Hay algo en esa frase que resuena con lo que intentamos hacer en KUMERA cada vez que diseñamos un producto o proponemos una práctica. No se trata de eficiencia. Se trata de ritmo. De construir un marco temporal que nos sostenga, que nos devuelva a nosotros mismos cuando el ruido exterior se vuelve excesivo.

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La casa, el café, el vinilo: objetos que anclan el presente

Si hay algo que diferencia la narrativa de Murakami de cualquier otra, es la atención casi fetichista que presta a los objetos cotidianos. El protagonista de Norwegian Wood prepara café con una minuciosidad que no tiene nada de anecdótico. El personaje de Kafka en la orilla coloca cada libro con un cuidado que podría parecer excesivo. Nadie en Murakami hace nada por error: cada gesto pequeño es, en realidad, un acto de presencia.

Ma

El concepto japonés de «pausa significativa». El silencio entre dos notas musicales. El espacio entre objetos en una habitación. En Murakami, ese intervalo es donde ocurre la vida real.

Mono no aware

La belleza melancólica de las cosas que pasan. La conciencia de que todo es transitorio y que, precisamente por eso, merece ser mirado con atención.

Wabi-sabi

La estética de lo imperfecto, lo incompleto, lo efímero. En sus novelas, los espacios desconchados y los objetos con historia siempre son más habitables que los perfectos.

Shokunin

El espíritu artesanal aplicado a la vida cotidiana. Hacer cada cosa como si fuera la única cosa. Fregar los platos con la misma atención con que se escribe una novela.

Estos cuatro conceptos no aparecen etiquetados en sus novelas, Murakami nunca haría algo tan didáctico, pero están presentes en cada página. Son el sustrato invisible de una escritura que parece decirte, sin decírtelo: presta atención. El significado está en los detalles que decides no pasar por alto.

Nota

En una entrevista de 2011 para The Paris Review, Murakami afirmó que no sabe de dónde vienen sus historias hasta que termina de escribirlas. La novela, dice, es una forma de «sumergirse en la oscuridad» y confiar en que saldrás al otro lado con algo en las manos. Esa disposición a no controlar el resultado es, quizá, la lección más difícil de todas.

Leer a Murakami como práctica de presencia

Existe una diferencia entre leer para avanzar y leer para estar. La mayoría de nosotros hemos aprendido a hacer lo primero: consumir el argumento, extraer la trama, llegar al final. Murakami resiste esa lectura. Sus novelas tienen subtramas que no concluyen, preguntas que quedan abiertas, atmósferas que pesan más que los hechos. Si intentas leerle deprisa, te pierdes lo más importante.

Leer para consumir

Avanzar páginas. Resolver el argumento. Llegar al final cuanto antes para poder empezar el siguiente. El libro como meta.

Leer para habitar

Quedarse en una frase. Repetir un párrafo. Dejar el libro abierto y mirar por la ventana. El libro como espacio donde vivir un rato.

En KUMERA creemos que la segunda forma de leer —y de vivir— es una destreza que se cultiva, no una disposición innata. Igual que aprendemos a escuchar música de otra manera cuando prestamos atención a los silencios, podemos aprender a leer con el cuerpo: notando qué frase nos detiene, qué imagen nos permanece, qué atmósfera nos queda pegada durante días.

Práctica Kumera

Una tarde con Murakami
Para una persona / Para 90 minutos

Necesitas

  • Un libro de Murakami (ver lista al final)
  • Algo caliente en una taza (café, té, lo que pidas)
  • Una vela encendida, si tienes
  • Música instrumental de fondo o silencio
  • El móvil en otra habitación

Pasos

01
Prepara tu bebida con atención. Sin prisa. Este es ya parte del ritual.
02
Pon un disco o una lista de jazz suave. Murakami escucha jazz mientras escribe; tú puedes escucharlo mientras lees.
03
Lee sin objetivo de avance. Si una frase te retiene, quédate. Reléela. Déjala hacer su trabajo.
04
Cuando termines, antes de levantarte, un minuto con el libro cerrado. ¿Qué imagen te ha quedado? ¿Qué pregunta?
Nota Kumera: No es necesario terminar ningún capítulo. La duración ideal es la que dura tu bebida caliente.

Por dónde empezar

Cinco libros — en orden de entrada

01

De qué hablo cuando hablo de correr — Haruki Murakami

El mejor punto de entrada para quienes se acercan por primera vez. No es ficción: es un ensayo sobre la rutina, el cuerpo y la disciplina creativa. Corto, directo, absolutamente revelador.

02

Norwegian Wood — Haruki Murakami

La novela más accesible de su universo. Una historia de pérdida y tiempo que se lee como se escucha una canción que conoces de memoria pero te sigue emocionando.

03

El elefante desaparece — Haruki Murakami

Relatos breves. Perfectos para leer de uno en uno, sin prisa. Cada historia es un mundo pequeño y completo, como un objeto bien hecho.

04

Kafka en la orilla — Haruki Murakami

Para quienes ya han probado y quieren ir más hondo. Una novela de dos narradores que avanza como un sueño: con su propia lógica, que solo se entiende si la aceptas sin resistir.

05

La muerte del comendador — Haruki Murakami

Dos volúmenes sobre un pintor que se retira a una casa de montaña y aprende a vivir solo. El libro más lento y el más hermoso de su etapa reciente.

¿Cuándo fue la última vez que leíste sin mirar cuántas páginas te quedaban?

Hay algo que Murakami entiende y que nosotros, en nuestras prisas cotidianas, tendemos a olvidar: que la atención es el único recurso verdaderamente escaso. No el tiempo —tenemos el mismo que siempre, sino la capacidad de estar en él. Sus novelas son, entre otras cosas, un entrenamiento para recuperar esa atención. Un recordatorio de que lo ordinario, preparar el desayuno, escuchar la lluvia, caminar sin destino fijo, también puede ser extraordinario si decidimos verlo así.

En KUMERA creemos que los libros, como los objetos que hacemos, tienen la capacidad de restituirnos algo. No de añadir más, sino de devolver lo que ya estaba ahí y que el ruido había tapado. Murakami lleva décadas haciendo exactamente eso: construyendo espacios en papel donde el tiempo va más despacio y la vida cotidiana tiene el peso que merece.

A veces, la práctica de SlowLiving empieza con abrir un libro y no mirar el reloj.

Fuentes y referencias

  1. Murakami, H. De qué hablo cuando hablo de correr. Tusquets, 2007.
  2. Murakami, H. El oficio de escritor (entrevista en The Paris Review, nº 170, 2004). Traducción al castellano disponible en ediciones de bolsillo.
  3. Suzuki, D.T. Zen and Japanese Culture. Princeton University Press, 1959. (Referencia para los conceptos ma, mono no aware y wabi-sabi.)

 

Escrito por Kumera