MÚSICA
Siete discos para
escuchar despacio
Hay discos que suenan de fondo y discos que cambian la temperatura de una habitación. Los segundos rara vez son los más sonados ni los más recientes. Los grabó alguien con tiempo, con buenas manos y sin demasiada prisa por gustar a todo el mundo.
El acceso a toda la música del mundo desde el bolsillo ha traído un problema curioso: sobra oferta y falta criterio. Elegir bien se ha convertido en una forma de cuidado, parecida a la de escoger un buen pan o un buen aceite. Con la música, además, hay ciencia detrás. Una revisión publicada en 2020 en la revista Health Psychology Review reunió los resultados de 104 ensayos controlados y concluyó que escuchar música reduce el estrés, tanto en medidas fisiológicas, como el ritmo cardiaco, como en la sensación que declara cada persona.
ensayos controlados analizados
participantes en total
Fuente: de Witte et al., Health Psychology Review, 2020
La selección que sigue reúne siete discos de países, décadas y estilos muy distintos. Se parecen poco por el sonido. Lo que comparten es que ninguno necesita ruido para sostenerse, que sus canciones hablan de casa, de amistad, de caminar o de no decir nada, y que están hechos con un oficio que se nota a la décima escucha.
Toda la música en el bolsillo. Elegir sigue siendo cosa nuestra.
Siete discos, sin prisa
Para mañanas lentas
In Between Dreams
Jack Johnson · 2005
Grabado en Hawái y producido por Mario Caldato Jr., es un disco de guitarra acústica, percusión suave y una voz que parece cantar sin levantarse del sofá. “Banana Pancakes” tiene fama de canción de domingo por la mañana y se la ha ganado. “Better Together” y “Sitting, Waiting, Wishing” mantienen el mismo pulso tranquilo hasta el final.
Para tardes de domingo
Getz/Gilberto
Stan Getz y João Gilberto · 1964
Grabado en Nueva York en 1963 con Antonio Carlos Jobim al piano, llevó la bossa nova a medio mundo y fue el primer disco de jazz en ganar el Grammy al álbum del año, en 1965. La voz de Astrud Gilberto en “The Girl from Ipanema” es una lección de sencillez. El saxo de Stan Getz suena como alguien que baja la voz a propósito.
Para cocinar en compañía
Still Bill
Bill Withers · 1972
“Lean on Me” fue número uno en Estados Unidos en 1972 y se sigue cantando en todo el mundo. El resto del disco es soul de cámara: guitarras acústicas, una base rítmica contenida y una voz que no necesita adornos. Funciona muy bien con alguien al lado pelando verduras.
La música que mejor envejece suele ser la que no tuvo prisa por llamar la atención.
Para tardes de lluvia
No Need to Argue
The Cranberries · 1994
Más allá de su canción más conocida, el segundo disco de la banda de Limerick guarda baladas como “Ode to My Family” y “Ridiculous Thoughts”, sostenidas por la voz de Dolores O’Riordan, con ese quiebro tan particular. Guitarras limpias, melodías largas y una sensación de abrigo, muy adecuadas para una tarde de lluvia.
Para largas tardes de verano
Con Todo el Mundo
Khruangbin · 2018
Un trío de Houston que mezcla soul, dub, funk tailandés y sonidos de Oriente Medio. Casi no hay letra. La guitarra de Mark Speer, el bajo de Laura Lee y la batería de Donald Ray Johnson dejan mucho aire entre nota y nota. Piezas como “Maria También” y “August 10” piden ventanas abiertas.
Una regla casera que funciona: un disco por semana. Si al séptimo día sigue apeteciendo, ya forma parte de la casa.
Para leer y concentrarse
I Giorni
Ludovico Einaudi · 2001
El pianista turinés compuso este disco tras un viaje a Malí, y en algunas piezas suena la kora de Ballaké Sissoko. “Nuvole Bianche” abre un espacio de calma en pocos minutos. Piano, cuerdas y silencios que también forman parte de la música. Acompaña bien la lectura, el trabajo que exige concentración o la hora previa a dormir.
Para una cena tranquila
Ali and Toumani
Ali Farka Touré y Toumani Diabaté · 2010
Dos grandes de Malí, uno con guitarra y otro con kora, grabaron este disco en Londres en 2005. Se publicó en 2010, cuatro años después de la muerte de Ali Farka Touré. Es una conversación entre dos instrumentos que se escuchan con atención, a un ritmo que es el de quien no tiene nada que demostrar.
Cómo darles espacio
Un disco completo dura entre treinta y cincuenta minutos, más o menos lo que tarda en hacerse un guiso o en leerse un capítulo. Escucharlo entero, en el orden en que se grabó, es una de las maneras más sencillas de hacer algo despacio. Las listas aleatorias son cómodas, pero deshacen lo que el artista ordenó con cuidado.
No hace falta un equipo caro. Unos buenos auriculares o un altavoz pequeño en la cocina bastan. Ayuda elegir el disco antes de empezar, silenciar el teléfono y dejar que la primera canción haga de señal de que empieza otra parte del día.
También cuenta la calidad de la grabación. Casi todos estos discos se registraron con instrumentos reales, en salas reales y con pocas capas de producción, y eso se percibe en cuanto se escuchan con atención: se oye la sala y el aire entre los instrumentos. Quien tenga un tocadiscos encontrará aquí buenos motivos para estrenarlo, y quien escuche en streaming puede activar la calidad alta en los ajustes de la plataforma.
¿Cuál fue el último disco que se escuchó entero, sin mirar el teléfono ni una sola vez?
Siete discos son un punto de partida. Cada casa acaba teniendo los suyos, y casi siempre llegan por casualidad, de la mano de alguien que dijo escucha esto.
Poner un disco y dejar que suene hasta el final. A veces basta con eso.
Fuentes y referencias
- Martina de Witte et al. Effects of music interventions on stress-related outcomes: a systematic review and two meta-analyses. Health Psychology Review, 14(2), 294-324, 2020. doi.org/10.1080/17437199.2019.1627897
- Recording Academy. Álbum del año, 7.ª edición de los premios Grammy (1965). grammy.com