JOMO: el arte de quedarse
y la alegría de
perdérselo
Hubo un tiempo en que decir que no a un plan pedía disculpas. Hoy, cada vez más personas descubren que quedarse en casa, apagar el teléfono o llegar tarde a la última novedad puede ser, sencillamente, un acto de cuidado.
FOMO
El miedo a estar en el lugar equivocado. La sensación de que, mientras revisas una pantalla, la vida verdadera ocurre en otra parte, sin ti.
JOMO
La alegría de elegir quedarse. Descubrir que lo que se pierde fuera, muchas veces, se gana dentro.
FOMO y JOMO son dos caras de la misma moneda: ambas hablan de cómo alguien se relaciona con lo que no está viviendo en este momento. La primera empuja hacia afuera, hacia la comparación y la urgencia de no quedarse atrás. La segunda propone otra pregunta, más silenciosa: ¿y si lo que elijo no hacer también es una forma de estar presente en mi propia vida?
No es una moda pasajera ni un simple juego de siglas. Es, en el fondo, una pregunta sobre el tiempo: cuánto de él se dedica a perseguir lo que hacen otras personas y cuánto queda, realmente, para lo propio.
Cuatro palabras para entender el giro
Suficiencia
La certeza tranquila de que lo que ya se tiene, el plan de esta noche, la compañía de siempre, el silencio de la casa, basta.
Selección
Decir que no como ejercicio activo, no como renuncia. Cada plan aceptado es, también, un plan que se deja pasar.
Solitud
No aislamiento, sino la capacidad de estar a solas sin que eso se sienta como una carencia.
Ritmo propio
Medir los días por lo que tienen sentido para quien los vive, no por lo que otros muestran haber vivido.
Lo que se pierde no siempre es una pérdida. A veces es el espacio donde algo nuevo puede empezar a crecer.
De dónde viene todo esto
Aunque hoy parezca vocabulario reciente de redes sociales, el origen de FOMO tiene fecha y nombre. Su recorrido, y el de su antídoto, ayuda a entender por qué esta conversación sigue tan viva veinte años después.
2004
El inversor y escritor Patrick McGinnis acuña el término FOMO en un artículo satírico publicado en The Harbus, el periódico estudiantil de Harvard Business School, para describir la ansiedad social de sus compañeros de clase.
2013
FOMO entra en el Diccionario de Oxford, señal de que había dejado de ser jerga universitaria para convertirse en una experiencia compartida por millones de personas usuarias de redes sociales.
2014
La escritora canadiense Christina Crook publica The Joy of Missing Out: Finding Balance in a Wired World, una de las primeras exploraciones extensas del concepto JOMO como respuesta consciente al ruido digital permanente.
Antes de empezar
- Una invitación pendiente que puede esperar
- El teléfono en otra habitación
- Algo que llevas tiempo queriendo hacer sin nadie mirando
Los pasos
Declina el plan sin dar explicaciones extensas. Un «hoy prefiero quedarme» es una frase completa.
Silencia las notificaciones durante las horas que dediques a esa noche.
Al día siguiente, evita comprobar qué te perdiste. La curiosidad pasa; la calma, si se cultiva, se queda.
Hay una diferencia entre no ir porque da pereza y no ir porque, esta vez, se elige otra cosa. La primera es evitación. La segunda es criterio.
¿Cuándo fue la última vez que dijiste que no a algo y, en lugar de arrepentimiento, sentiste alivio?
Un libro que puso nombre a la calma
Aunque el ensayo de Christina Crook se publicó una década antes de que el JOMO se popularizara del todo, sigue siendo una de las referencias más citadas del tema. La autora, que llegó a desconectarse de internet durante semanas para escribir el libro, plantea que la respuesta al ruido digital no está en la fuerza de voluntad, sino en reconstruir hábitos y relaciones que hagan innecesaria la conexión constante. Su propuesta no es antitecnológica: es una invitación a decidir, con intención, cuándo conectar y cuándo no.
El libro de Crook no fue el primero en usar la expresión JOMO, pero sí uno de los que le dio forma de argumento sostenido, y no solo de eslogan. Es, quizá, el punto donde el FOMO dejó de ser solo un chiste de universidad de negocios y empezó a convertirse en una pregunta seria sobre cómo se quiere vivir.
Nadie necesita elegir un bando para siempre. Habrá noches en las que el impulso correcto sea salir, aparecer, decir que sí. Y habrá otras en las que la decisión más honesta sea quedarse, apagar la pantalla y descubrir que ahí también, quieta, pasa la vida.
El JOMO no pide renunciar al mundo. Pide, simplemente, dejar de medir la propia vida por lo que otros están haciendo en ella.
Quedarse también es una forma de llegar.
Fuentes y referencias
- McGinnis, P. «Social Theory at HBS: McGinnis’ Two FOs». The Harbus, mayo de 2004. harbus.org
- Crook, C. The Joy of Missing Out: Finding Balance in a Wired World. Simple Truths / Sourcebooks, 2014.
- «How FOMO Became a Fixture». Harvard Business School Alumni Bulletin. alumni.hbs.edu